martes, 18 de septiembre de 2012

Reseña: El rey trasgo, Alberto Morán Roa



¡Hola, extranjeros! Hoy voy a ser muy pero que muy breve, básicamente porque la reseña que os traigo ya ocupa por sí misma mucho espacio. Así que sin dilación: (hiper) reseña de "El rey trasgo", ese libro con el que os he dado la tabarra hasta hartarme (y probablemente hartaros). ¿Queréis saber por qué? ¡Razones inside!


Ficha técnica
Título: El Rey Trasgo. La Ciudadela y la Montaña
Autor: Alberto Morán Roa
Portada: Barb Hernández
Colección: Kelonia Ficción
Nº páginas: 312
ISBN: 978-84-939945-2-5
PVP: 14,95 €

Sinopsis:
“Han pasado ocho años desde que el imperio de Kara desapareció, convertido en polvo añil por un poder que escapa a toda comprensión.
La Ciudadela, silenciosa guardiana de la paz gobernada por tres naciones, vigila los reinos del hombre navegando los cielos.
En un pueblo del frío norte, dos amigos descubrirán un libro vinculado a un enigma del ayer y a un hombre entre la vida y la muerte.
Nacido de la pluma de un poeta, les descubrirá los secretos que moran en las montañas a través de una historia en la que conservar la vida vale más que conservar la humanidad.
El mundo apura sus últimos latidos...
Y en la cima de los Picos Negros, contemplando el paso del tiempo entre delirantes pensamientos, el Rey Trasgo aguarda el momento de construir sus sueños a partir de sus cenizas.”



Reseña:
El rey trasgo es una de esas novelas que te gusta madurar, repensar y releer para después comentar y compartir ideas: es uno de esos libros especiales que se quedan cerquita de tu corazón y martillean tu cabeza aún después de hacer acabado la lectura. Hablar adecuadamente de este libro no es algo que pueda hacer en una reseña en una entrada de blog: sé, desde antes de empezar, que me voy a quedar corta. Os puedo contar maravillas sobre esta primera novela del joven autor vasco Alberto Morán Roa: estructura, narración, personajes (sobre todo personajes), historia, ambientación o significado. Pero sé que cuando acabe diré: “maldita sea, no comenté esto” o “se me olvidó mencionar ese punto”. Dicho esto, y avisados todos de que probablemente nos ocupe una reseña larga y que no hará justicia al nivel del libro, puedo comenzar.
                                         
El rey trasgo está considerada como una novela de fantasía épica. Esto, de buenas a primeras, puede traer a la cabeza de algunos historias de profecías, héroes victoriosos, criaturas mágicas, grandes batallas entre “la luz” y “la oscuridad”… Alguien por ahí seguro que, de hecho, está pensando en hobbits. Lamentablemente, lectores, si sois sentimentales de las historias épicas clásicas, he de advertiros… que El rey trasgo no es nada de eso. Así que si buscáis otra historia más de aventuras y buenos contra malos, este no es vuestro libro, especialmente porque nunca podréis terminar de posicionaros por extremos tan claros. En esta novela todo es gris. Considero este libro como un aire fresco dentro de todo lo que estamos acostumbrados a leer dentro del género. Si os fijáis, de hecho, mis palabras a la hora de clasificarla han sido “está considerada”, dado que mi opinión personal no me permite terminar de considerarla solo como fantasía épica. Quien quiera ver, o quizá incluso el que no quiera, verá en esta novela simbología y críticas, mensaje y pensamiento. El rey trasgo, para mí, es realidad disfrazada de fantasía.

Pero no quiero adelantar acontecimientos: empecemos por el principio.

Antes que nada, debo decir que para que esta reseña tenga un orden dentro del caos de ideas, conceptos y gustos que va a ser, la voy a dividir en las subtramas que se divide la propia novela y que ya vienen marcadas en el título: la ciudadela y la montaña. Dicho esto…

La ciudadela.
Comencemos por la ciudadela, ya que es lo primero que vamos a conocer del basto universo que nos trae Alberto Morán.

El primer punto interesante de la novela es que cuando esta comienza arranca desde el fin de una situación conflictiva. Este tipo de novelas nos tienen acostumbrados a una situación de inestabilidad que no ha sido resuelta y en la que se decide que alguien en particular habrá de solucionarla, pero El rey trasgo se ríe de lo convencional y decide tomar como punto de partida lo que otros tomarían como final. De esta manera, nos encontramos con que una gran nación llamada Kara ha caído gracias a la alianza de las Tres Naciones: Esidia, Thorar y Ara. Estos tres países se han reunido para dominar un arma increíblemente poderosa que finalmente les va a llevar a la victoria: La Ciudadela, una especie de islote flotante (al más puro estilo El castillo ambulante, amantes de Miyazaki) del que puede nacer una increíble energía destructora. Así las cosas, como os venía diciendo, las Tres Naciones vencen y Kara cae ante el poder desconocido de la Ciudadela.

“Cayeron los muros coronados por gárgolas; los castillos que casi parecían empalar al sol con sus torreones; se secaron las cataratas de Gelaid, que se teñían de dorado cuando se nombraba a un nuevo emperador”

Y diréis: pues que aburrido y qué poco interesante. Los buenos vencen y los malos caen. Viva por ellos. Alegría y jolgorio para todos, enhorabuena por los de la Ciudadela, paz para sus hogares y vino y mujeres para los hombres valientes que se jugaron la vida en la guerra…

Sí, ya. Ojalá. La verdad es que la caída de Kara solo parece marca el principio del fin, algo que veremos a través de los ojos de Kaelan Eranias, uno de nuestros principales protagonistas en esta novela.

Kaelan solo era un alférez cuando estalla la guerra contra Kara. Sirve a Esidia y es soñador y noble de corazón; vive prácticamente entre las nubes que dan las buenas lecturas de aventuras e imagina su futuro como uno brillante, en el que sus ideales están por encima de todo. Es un Kaelan que yo denominaría como “niño”, y a lo largo de la novela tendrá que ir creciendo a base de todos los golpes que va a recibir, que os aseguro que no van a ser pocos.

“Amaba aquellos relatos inocentes, imposibles: historias de caballeros y princesas, de dragones y ogros, de leyendas fruto de la realidad, la fantasía o el vástago de ambas”

No os voy a desvelar qué ocurre con él, porque creo que es un personaje al que hay que llegar lo más inconscientemente posible para advertir mejor su desarrollo. Y aunque es un personaje bien formado, lógico y bastante bien llevado, debo decir que es el que se me ha quedado más flojo de toda la novela. ¿Significa esto que no me haya gustado? En absoluto, solo que el resto de caracteres de este libro lo superan con creces. Y es que si algo hay que resaltar en este libro, en ambas tramas, son los personajes.

Ya os he hablado de Kaelan, así que es justo que os diga por qué se me ha quedado pequeño: podría daros muchos nombres y muchas razones (Irain Eleo, el mejor amigo de Kaelan, por su impetuosidad y su arrojo, por su realismo impulsivo; Gaev por su nobleza), pero os voy a dar solo uno: Larj de Ithra.

Larj de Ithra es el comandante de Thorar, la nación más experta en temas bélicos de las Tres Naciones. Es uno de esos personajes absolutamente despreciables en un principio por sencillo y puro desconocimiento: como el personaje principal lo odia, tú ni te lo replanteas y le odias también. Admitidlo: todos lo hacemos. Tendemos a ponernos de parte de lo que conocemos en vez de lo desconocido… Pero con Larj de Ithra, a lo largo, por despreciable que nos parezca, tenemos que terminar quitándonos el sombrero. Es un personaje tan frívolo como carismático, tan maduro y cruel como brillante. Pero, como siempre, no quiero deciros mucho de él: mejor que le conozcáis vosotros mismos.

“¿Qué es un hombre sin principios, salvo una bestia?”

Si he dividido la reseña en base a las tramas principales del libro no es por capricho: no se pueden analizar conjuntamente. Cada una merece su pequeña explicación, su pequeño análisis. La trama de la Ciudadela es, por así decirlo, la parte de la épica más clásica: grandes batallas, traiciones, criaturas fantásticas e imposibles, sufrimiento, guerra, conspiraciones por las esquinas, muerte… Un largo etcétera que hará las delicias de aquellos amantes de la fantasía más pura. La narración tiene hasta un tono propio de las historias antiguas de caballeros: Alberto se adapta a la situación y consigue darle a cada parte de su novela una voz diferente, en este caso mucho más directa a la acción, acorde con la frialdad y crudeza de la guerra. No se detiene en florituras (aunque no por ello la expresión es menos bella y precisa) sino que va directo a descripciones claras que convierten mandobles y caídas en un espectáculo muy visual conseguido a base de palabras.

“Arrojó el dardo sin la menor pérdida de equilibrio e, inmediatamente, alzó el escudo para protegerse de la nube de flechas que se cernía sobre él como una silbante ola”

Si algo he echado en falta en esta trama, no obstante, ha sido ritmo. No durante todo el transcurso, sino solo en el principio. Está justificado, puesto que Alberto debe presentarnos una situación y muchos datos en los primeros capítulos para que a partir de ahí ya todo salga rodado. Sin embargo, esto hace que el inicio de la lectura quizá sea un poco más lento de lo que se podría desear. Nada que no se solucione conforme las situaciones en la Ciudadela se van complicando y Kaelan tiene que enfrentarse a más de una de esas dificultades. Y sobre todo, nada que no solucionen mis muy queridos personajes de la otra trama… La montaña.

La montaña.

Advertencia: mi amor está declarado en esta parte. Es probable que toda mi intención objetiva se vaya por el retrete en un santiamén… ¡pero es que en este caso no hay ninguna pega posible!

La situación en la montaña nos sitúa en una Esidia en la que se respira tranquilidad tras el cese de las batallas que la asediaban. Conocemos este nuevo hilo argumental gracias a dos personajes que son sencillamente perfectos: Helmont, un viejo librero con muy malas pulgas, y Tobías, un erudito que acarrea con un gran peso en su corazón torturado. Ambos viven a los pies de la montaña, en el país de Esidia, en una calma artificial en la que ambos se acompañan en su soledad. A ellos dos se les unirá Mirias, un misterioso nigromante que aparece un día a las puertas de la librería sin señales de tener conocimiento alguno: sencillamente está quieto, callado, sin pestañear, como muerto en vida. Lo observa todo y nunca habla, y pese a que los nigromantes no son seres precisamente aceptados en este mundo, Helmont decide resguardarle en su librería hasta que algún día consiga reaccionar. Con estos personajes todo da un vuelco con respecto a lo que estábamos acostumbrados: tanto la situación, más destensada, como la manera en la que está escrita esta parte de la novela nos hace conocerles mejor, tenerles más accesibles y sin secretos.

—¿Y cierras la librería para que la gente sufra el desaguisado provocado por otros? Eres un avatar de la justicia.
—Bueno, y tú eres tonto. Cada uno acarrea con lo suyo.

Esta trama es mucho más intimista y divertida, y tal y como en el arco de la Ciudadela Alberto adoptaba un tono prácticamente homérico para la narración, aquí su pluma se destensa y sencillamente fluye sin problemas entre diálogos inteligentes y especial cuidado por los sentimientos (especialmente en el caso de Tobías). Si bien la Ciudadela era un viaje entre sufrimientos físicos, donde las heridas se hacen en la carne, la Montaña nos muestra cicatrices en los corazones de nuestros protagonistas.

“¿Alguna vez has sentido miedo? […] Me refiero al miedo terrible, el que te deja sin respiración cuando necesitas jadear y te hace sentir lágrimas aunque quieras contenerlas. ¿Lo has sentido?”

Además de los personajes situados en el pequeño microcosmos de la librería de Helmont vamos a conocer a otras personalidades por medio de un libro que Tobías encuentra. Si ya antes os mencionaba que la escritura en esta parte es mucho más fluida y divertida, mucho más preocupada por las sensaciones que por la acción, en el caso del libro este punto llega a su máximo expresión. A partir del tomo encontrado, que resulta ser ni más ni menos que un diario, conoceremos a uno de los personajes que también he amado profundamente durante esta lectura: Lucio Nemarias, un poeta que viaja con un grupo de juglares, y que es todo un compendio perfecto de ingenio, elegancia, diversión y sentimiento. Además de él, viajando en su mismo grupo, conoceremos a Naié, uno de los personajes que más sorpresas va a dar: es un personaje al que se le pueden contar las frases a lo largo de todo el libro, pero que destila determinación y fuerza de una manera disimulada pero patente. Es la cordura, la serenidad, representada en una sola persona. De nuevo, por medio del diario, Alberto consigue dar voz propia a cada parte de su novela, regalándonos un libro personal y cuidado. Esto ayuda, sin duda, a que puedas creer cada parte que nos cuenta: todo resulta creíble porque los personajes que los llevan resultan verosímiles, consecuentes, lógicos e innovadores.

“Envidio a los condenados a la horca, a los sentenciados, a todo aquel que sabe de cuánto tiempo dispone”.

Algunos, a propósito de Naié, echarán en falta más personajes femeninos en esta novela, pero cabe reseñar en este momento que si otro punto muy positivo tiene El rey trasgo es su ambientación: nos está poniendo en una situación medieval, donde las mujeres estaban en casa y, definitivamente, no hacían grandes cosas. No solo en este punto, sino también en batallas, vestimenta o armamento, Alberto hace alarde de un trabajo de documentación bastante exhaustivo.

Y volviendo a los personajes de la montaña… solo queda uno. Él. Nuestro Rey Trasgo. Nuestro tema aparte. ¿Sería demasiado dedicar una sección a él solo…? No. Se la ha ganado.

El Rey Trasgo.
Quiero que echéis la vista atrás a otros personajes de la literatura y el cómic como puedan ser El Sombrerero Loco de Alicia en el País de las Maravillas o El Joker de Batman. Quiero que analicéis su comportamiento y la etiqueta que tienen ambos: dementes. Ambos parecen estar en otro nivel de realidad en el que la cordura brilla por su ausencia, cada uno encerrado en su propio mundo en el que solo existen sus verdades. ¿Sus verdades? ¿O la verdad? Mediante comportamientos excéntricos, ya sea con té o con violencia, que les dan la etiqueta de locos, nos enseñan el mundo tal y como ellos lo perciben… y tal y como es.

“No hay un mundo, sino varios, y cuál vemos depende del punto de vista”

Algo parecido pasa con nuestro pequeño y travieso Rey Trasgo: en principio podría ser un personaje loco más, como el que tantas veces nos ha regalado la literatura fantástica. Uno de esos malos a los que yo llamo “malos porque sí”. Al principio, durante sus más que breves apariciones (porque realmente aparece menos de lo que podáis imaginar, debido al título) el personaje se nos dibuja como alguien sencillamente tocado de la cabeza: un trasgo que, por alguna razón, tiene mentalidad propia desarrollada y no es una más de esas criaturas saltimbanquis que le sirven. Sin embargo, cuando empieza a hablar, te das cuenta de que no es así, de que ese pequeño trasgo está perfilando realidades con sus palabras, que está reflejando una sociedad que tanto los personajes como nosotros, lectores incautos, conocemos muy bien. Refleja el mundo, con su crueldad y su egoísmo. Dibuja a los humanos y, con su tono demente, lo critica y te hace pensar hasta tal punto que no sabes si el mundo a sus pies es su víctima… o él solo procura salvarlo de nosotros mismos.

“Aprovechad el tiempo que os queda para odiar y mentir, criaturas. Recordadle al mundo qué sois para que este no pueda echaros de menos cuando hayáis desaparecido”

En definitiva, el trasgo es un personaje que se hace grande pese a que es muy pequeño, tanto en tamaño como en número de apariciones: gana con cada frase y cada acción, con cada pequeño momento. Colma las escenas, las desborda y se hace con el libro absolutamente por completo. Inquietante, loco y cuerdo a la vez, supone uno de los principales elementos de realidad y crítica en esta novela.

El simbolismo (brevemente)
Ya lo comentaba al principio: El rey trasgo ha sido mal catalogado como fantasía épica. El rey trasgo es realidad disfrazada de fantasía. Lógicamente, quien quiera pasar un rato entretenido entre el fragor de la batalla, luchando con wyvernas o adentrándose en lo más profundo de una misteriosa y peligrosa montaña sin saber qué le depara el destino, lo va a conseguir. Es una novela en la que quien quiera ver, va a ver, y quien busque solo entretenimiento, se va a entretener. Pero también es mucho más. Es una reflexión sobre la vida, sobre el camino que recorremos, sobre el sacrificio, la amistad, el sufrimiento… y sobre el mundo que habitamos y cómo nosotros mismos somos nuestros peores enemigos. No necesitamos malvados que lo destruyan: ya nos ocupamos nosotros mismos de ello.  

“Esperamos a que los habitantes de abajo se odien tanto entre ellos que el mundo en guerra deje de serlo”

Pero no quiero aburriros con mensajes de simbología, porque mi yo teórica literaria podría hacer una tesis sobre el significado del libro, así que me lo dejo para mí. Prefiero que entréis vírgenes a esta novela, que la mastiquéis (no la devoréis, por favor: merece la pena detenerse poco a poco en ella) y vosotros mismos lleguéis a vuestras propias conclusiones. La mía es clara: por su cuidada ambientación, sus personajes humanos y su argumento fantástico y real, El rey trasgo es ese libro que estaba esperando. Gracias, Alberto, por traernos su historia.

Apunte finalísimo para el atrevido que haya llegado hasta el final: mención aparte para la portada de Barb Hernández y sus tintas. Cuando terminéis de leer el libro volved a mirarla detenidamente: hay cosas que están ahí, en algo tan aparentemente sencillo, gritándonos e instándonos a descubrirlas. Felicidades para ella también.

8 comentarios:

  1. ¡Dios! Esto no es una reseña, ¡es una reseñaza! Joder (lo siento por la palabrota), qué súper larga.
    Tengo muchas ganas de leer la novela.

    Un beso.

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  2. Magnífica reseña, me quitaría el sombrero si lo llevara puesto.

    Daré una oportunidad a la novela, sí o sí, tras leer lo último del tito Andrzej.

    Enhorabuena.

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  3. Con esta reseña, ¿a quién no le vienen ganas de leer el libro? A mí como mínimo sí XD

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  4. Serás malaaaaa!!! Mira que reseña ha hecho para dejarme con ganas de salir corriendo a por el libro...
    ¡¡¡Lo quierooooo!!!!
    Gracias por la reseña, guapa!!! :D

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  5. Ya ves, a mí me encanta Kaelan y lo que representa. Tengo debilidad por este tipo de personajes. Muy buena reseña. La novela se lo merece.

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  6. Hola!!! tienes una seguidora mas!!! me gusta tu blog!!
    Pasate por el mio, estas invitada!.

    Besotes

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  7. Madre mía que entrada más currada, me has dejado con unas ganas IMPRESIONANTES DE LEERLO O_o

    Bisous

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